Consolidar y fortalecer el básquet nacional

Hola, amigos y amigas del Básquetbol, se me ha invitado a compartir una crónica cestera en Pasión Naranja.

Siento que recibí un balón en la línea de tres, a pocos segundos de sonar la chicharra y con la obligación de encestar.

Sea como sea, he aceptado con mucha humildad asumir la redacción
de este espacio de opinión con la esperanza de contribuir a la valoración del baloncesto chileno en sus diversas facetas.

En la historia del Básquetbol de nuestro país se da una constante que merece el mayor de los respetos pues ha permitido construir un acervo cultural deportivo que ha situado a la actividad cestera como el segundo deporte más popular en Chile.

Esta constante, es el extremo cariño manifestado por los cultores del deporte de la diosa Naranja, que en diversas regiones de nuestra larga geografía se mantiene con mucho sacrificio.

Iquique, Antofagasta, Punta Arenas, son algunas de las ciudades alejadas de las competencias oficiales, pero que destacan por su cariño incondicional al baloncesto..

Valparaíso y Talca ostentan un pasado valiosísimo, el cual constituye uno de los pilares fundamentales de la historia cestera de Chile.

La Región Metropolitana brilla con luces propias y en el pasado ha regalado a nuestro país elencos que dieron espectáculo ayudando mucho a que el básquetbol se quedara en el corazón de sus adeptos y en la cultura deportiva nacional.

Concepción ha sido un bastión de suma importancia en materia cesteril y ha marcado presencia desde hace tiempo en los dominios de la Naranja. También Temuco tiene mucho de qué hablar en el deporte de los aros y sus cáñamos.

Más al sur, la historia cestera tiene cientos de volúmenes escritos y en las últimas décadas la “fiebre naranja” se ha desatado en todo su esplendor: Valdivia, Osorno, Puerto Varas, Puerto Montt, Ancud y Castro, han librado batallas épicas sobre los rectángulos, las que son recordadas por los hinchas más allá de los límites del cansancio en las típicas picadas y conversaciones de café.

Sí, amigos, Chile tiene un pasado hermoso en materia de básquetbol con algunos destellos encomiables en el concierto internacional.

La pregunta es bastante obvia: ¿Qué falta para proyectar el baloncesto hacia un nivel de desarrollo superior en donde pueda obtener logros de valor internacional que le consoliden definitivamente en nuestro país y en la región?

La respuesta la han dado importantes personeros, quienes coinciden en señalar en la falta de una estructura claramente definida; permanente en el tiempo, la que haga creíble a la actividad en los estamentos decisorios de nuestro país.

Dicha estructura debe propiciar la definitiva profesionalización, establecer políticas claras para favorecer la formación, también el desarrollo, de jugadores y jugadoras, lo mismo vale para el referato
nacional, para los profesionales de otras áreas que ejercen servicios en salud, como médicos, kinesiterapeutas, psicólogos deportivos, servicios de coaching y de programación neurolingüística, expertos en marketing deportivo, periodismo especializado, etc.

Se acerca el final de esta primera crónica y no puedo dejar pasar la oportunidad de un breve saludo sincero y mínimo homenaje póstumo por la partida, hace algún tiempo ya (25-06-2020), del querido y recordado Señor del básquetbol chileno, don Juan Ostoic, seleccionado nacional (pívot), director técnico y crucigramista. Descanso eterno y abrazo de triple para él.

La pandemia del COVID-19 ha dejado de manifiesto nuestra fragilidad estructural-deportiva y se hace urgente la absoluta generosidad de parte de todos los estamento de la actividad cestera en Chile para avanzar definitivamente hacia la consolidación.

Historia y talentos hay.

¿Seremos capaces de posponer nuestros particulares intereses en pro del correcto desarrollo cestero nacional?

La diosa Naranja aguarda en silencio y espera nuestra respuesta.

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