Nada está dicho en la gran final

El básquetbol mundial está asistiendo al espectáculo supremo que significa los juegos finales para dirimir al campeón de la NBA, la más excelsa corona habida hasta los días de hoy y con la que sueñan y luchan las súper estrellas cesteras.

Ver en acción los sistemas de los Lakers con la dupla conformada por LeBron James y Anthony Davis, secundados por compañeros de primerísimo nivel, imponiendo calidad desde lo físico y desde el talento cultivado, es sorprendente y hace pensar en que de mantener dicha línea en ascenso no deberían tener problemas para alcanzar el tan deseado anillo.

En los dos primeros embates los Lakers rozaron la perfección y tuvieron a la diosa fortuna de su parte con las inesperadas y lamentables lesiones de Dragic y Adebayo, piezas fundamentales en el andamiaje de los Heat.

¿Eso sería todo? ¡No, señores amantes de la Naranja!

El tercer partido nos mostró de qué está hecho Jimmy Butler.

El escolta de los Miami Heat, quien oficia en muchas ocasiones de alero, en el último partido jugó de base y se desdobló asumiendo el liderazgo de su equipo para brindar un recital que hace creer en la ecuación mente-cuerpo, lucidez-fortaleza, ocasión-opción, decisión-acción.

En los tres primeros juegos casi no ha tenido descanso y sus compañeros
entendieron su propuesta en el rectángulo, creyeron en él y en sus propias condiciones, trabajaron cooperativamente, logrando ponerse 1 – 2 en estas finales de la NBA 2020.

La “burbuja” de Orlando se puso chispeante y el asombro hizo presa de los diletantes del baloncesto en todo el planeta.

Los primeros reveses de los del Este pusieron a prueba sus sistemas y el coach Spoelstra tuvo que someter todo su básquetbol bajo el arbitrio de la razón.

Se está en las finales de la mayor y mejor competencia cestera del mundo y hay que responder a las expectativas, si se nació para esto, entonces, bien vale dar la vida por ello.

Y encontró una luz en el obscuro callejón en donde los Lakers habían metido a sus dirigidos, cortó el circuito James-Davis, y desencajó a Frank Vogel, coach de los del Oeste, quien se fue llenando de sombras y de preguntas demasiado desagradables.

LeBron abandonó 10 segundos antes, en una clara señal de impotencia y falta de ética deportiva.

Queda claro, con su último arrebato, que las súper estrellas también tienen algo de humanos.

La NBA aún tiene mucho por delante, no está dicha la última palabra, hasta el COVID-19 se bate en retirada y toma palco ante la suprema manifestación de talento y belleza cestera

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