La proyección del básquet nacional

Aún resuena en el mundo el eco del balón anaranjado disfrutando sus rebotes en la burbuja de Orlando con la coronación de los Lakers como nuevos campeones de la NBA, supremo espectáculo de baloncesto que, de algún modo, rige el cómo cuándo y dónde realizar la fiesta que honra a la diosa Naranja, a pesar de dificultades adversas y aterradoras como el COVID-19.

Las ligas de todos los países, quieran o no, replican en mayor o menor medida sus modelos de acción cesteril, en cualquiera de sus variantes; sistemas deportivos, comerciales, administrativos, comunicativos, etc.

Sabido es que para los cultores y amantes del básquetbol el mundo no es redondo, es rectangular, o mejor aún, es rectangular y redondo a la vez, en ese orden y no hay más.

Es por ello que el paradigma más logrado hasta el presente sea el impuesto por la NBA.

¿Qué parte del delicioso pastel cestero le compete y corresponde a Chile?

Lo primero; a nuestro país le compete en lo inmediato la práctica del básquetbol, la proyección de sus jugadores en todas las categorías (damas y varones), la formación de entrenadores tanto como especialistas en estrategia y táctica del baloncesto, como la respectiva especialización en coaching cestero, la consolidación de una escuela arbitral que permita una expedición de excelencia por parte de quienes ejercen como jueces, la intervención de especialistas con capacidad probada y con las debidas certificaciones oficiales para potenciar el deporte en cuanto medicina deportiva, preparación física, kinesiterapia, fisiología, gerencia deportiva y comercial, periodismo y comunicación deportiva responsable, etc.

Lo segundo, y a la par de lo anteriormente expuesto, debemos contar con una dirigencia en todos los niveles que se caracterice por su sapiencia administrativa y la transparencia de sus gestiones, para así garantizar con resultados probados la credibilidad del básquetbol en todas las instancias y estamento. Todo esto en pos de favorecer la definitiva consolidación del deporte naranjo que tantos cultores y adeptos tiene a lo largo y angosto de nuestro querido Chile.

Desde esta columna de opinión hacemos votos para que el retorno de la actividad cesteril vaya saliendo de las sombras que le han opacado y camine con determinación hacia las luces y glorias que se merece.

Si se hacen bien las cosas, en todo orden y nivel, la diosa Naranja nos habrá de gratificar con un desarrollo que se proyectará con sólidas bases hacia el futuro.

            Manuel Sebastián Martin Trujillo

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *