Vuelve el básquetbol en medio de una crisis generalizada, pero con los recaudos necesarios para su práctica, vuelve decidido y en formato de burbuja internacional.

Nuestra selección chilena ya ha iniciado su trabajo con la mente y el corazón pensando y palpitando lo que sucederá muy pronto allá en Buenos Aires.

De los combinados que se harán presentes en la capital trasandina el que llega con menos rodaje deportivo es nuestro querido “team”, denominado “La Roja de todos”, que dirige el coach argentino, Cristian Santander, quien ha iniciado las prácticas con un puñado de jugadores, al cual se irán sumando otros durante el transcurso de los próximos días.

No es el mejor panorama, pero la ilusión está intacta y la hinchada está expectante y convencida de que a pesar de todo, nuestros muchachos, no solo harán su mejor esfuerzo, sino que también lograrán algo importante.

La Vida es Sueño, afirmó Calderón de La Barca, en tiempos del Barroco, pero la barca de la historia la hacen las personas y nuestros jugadores están comprometidos y decididos a dar todo de sí mismos para hacer realidad
el sueño de ver nuestro baloncesto cada vez más desarrollado y alcanzando logros que sirvan de huella señera para las nuevas generaciones de cesteros nacionales.

Otra buena noticia, proveniente del lado claro de La Naranja, es que tendremos 3ª División en Chile y será el espacio para que los Sub-23 puedan continuar su desarrollo basquetbolístico el cual, hasta los tiempos presentes, quedaba a la deriva después de que los jóvenes dejaban la serie correspondiente a la categoría Sub-17.

Es de conocimiento público que se han perdido muchos valores juveniles al no haber continuidad para el desarrollo de sus particulares habilidades y talentos.

Pero nuestra Naranja querida tiene también un lado obscuro que comienza a inquietar en demasía, pues nos da a conocer prácticas atentatorias en contra de la dignidad de las personas humanas que son nuestros jugadores.

Los seguidores del básquetbol nacional manifestamos en su momento nuestra alegría con el buen debut de Ignacio Carrión jugando por el club Platense, de Argentina, y hemos quedado impactados por la negativa del Club Leones de Quilpué de hacer llegar el pase internacional del
jugador (LOC) al equipo Calamar.

Es una situación de suyo confusa, enojosa e indignante, pues coarta la libertad y el derecho al trabajo de un jugador de básquetbol que hizo pública su decisión de partir y renunció, debida y legalmente, al contrato no deportivo que lo ligaba a su anterior Club.

La dirigencia de Leones de Quilpué debe aclarar esta situación kafkiana rayana en el absurdo extremo, y FebaChile, a su vez, debe explicar la demora en manifestar su débil postura oficial ante este hecho que, sin duda alguna, enloda al básquetbol nacional y al ejercicio profesional por parte de un jugador que es y desde hace mucho, seleccionado nacional, con lo cual se ha ganado la admiración, el respeto y el aprecio, de la mayoría de
los hinchas devotos de la Naranja en nuestro país.

Desde esta columna de opinión se hacen votos para que este mal sueño cestero sea superado a la brevedad. Ojalá don Calderón de La Barca nos ayude en ello.

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